AÑOS DE HISTORIA

HISTORIA ARQUEOLÓGICA El primer relato conocido sobre San Agustín y sus riqueza arqueológica data del año 1758, se encontró en el libro maravillas de la naturaleza, escrito por el franciscano español fray juan de santa Gertrudis, quien recorrió durante 10 años parte del territorio colombiano, ecuatoriano y peruano, en este libro el autor estuvo en varias oportunidades en san Agustín y describe las estatuas de piedra entre la maleza, por estos días gobernaba san Agustín el indio mateo, y era allí donde fray juan tenía su sitio de partida para visitar el Caquetá y el putumayo.

Posteriormente es francisco José de caldas, un joven payanés, hijo de padre español quien describe nuevamente a san Agustín y sus estatuas en su libro semanario del nuevo reino de granada, en el capítulo 5 escrito el 31 de enero de 1808 de su visita realizada en 1797, 39 años después de fray juan de santa Gertrudis, en el describe el "alto magdalena" así: "El Magdalena es el río más ventajosamente situado en toda la extensión del Virreinato. Nace de un pequeño lago llamado del Buey, al norte del Páramo de las Papas 1°58’ de latitud boreal, corre por los desiertos de Laboyos, riega el Timaná, atraviesa las espaciosas llanuras de Neiva, las selvas de Nare, Opón, y reunido con el Cauca entra en el Atlántico a doscientas leguas de su origen.

En toda la extensión de su curso jamás baja la dirección del meridiano. Cuando el Cauca nace sobre los niveles del Coconuco a dos mil trescientas toesas sobre el Océano, éste tiene su cuna a novecientas toesas solamente, bajo un clima dulce y moderado; aquél se precipita en de la cima de los Andes, y éste corre con tranquilidad: el primero sobre planos caprichosamente inclinados, unas veces se acelera y otras se arrastra con lentitud, y en el segundo, más uniforme en su curso, se presta con facilidad a todas nuestras necesidades mercantiles.

El Magdalena es navegable desde la Honda en la jurisdicción del Timaná, por 2°24’ de latitud en pequeñas balsas y con algún trabajo. Desde Neiva lo es sin interrupción en buques mayores hasta Honda en donde tiene un pequeño chorro que llaman Salto. Recibe por ambos lados un número prodigioso de ríos caudalosos, navegables muchas leguas sobre su embocadura, y que facilitará la comunicación y el comercio con los países interiores. San Agustín, el primer pueblo que baña, está habitado de pocas familias de indios, y en sus cercanías se hallan vestigios de una nación artista y laboriosa que ya no existe. Estatuas, columnas, adoratorios, mesas, animales, y una imagen del sol desmesurada, todo de piedra, en número prodigioso, nos indican el carácter y las fuerzas del gran pueblo que habitó las cabeceras del Magdalena.

En 1797 visité estos lugares y vi con admiración los productos de las artes de esta nación sedentaria, de que nuestros historiadores no nos han transmitido la menor noticia. Sería bien interesante recoger y diseñar todas las piezas que se hallan esparcidas en los alrededores de San Agustín. Ellas nos harían conocer el punto al que llevaron la escultura los habitantes de estas regiones, y nos manifestaran algunos rasgos de su culto y de su policía. En los bosques de Laboyos y de Timaná no se puede dar paso sin hallar reliquias de otra inmensa población que ha desaparecido. Todavía se ven las acequias y socavones de las minas de Plata que trabajaron sus moradores"

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